domingo, 5 de octubre de 2008

Egoísmo, ambición, decepción y algo más...

Es difícil explicar la lluvia de pensamientos y sentimientos que me invaden en un momento como éste. Siento que voy a explotar de rabia, mis ojos se ahogan en lágrimas, me siento tan insignificante, cambiable por cualquier cosa. Creo que el sueño de toda mi vida fue ser la princesa de alguien, que alguien se desviviera por mí y que yo lo hiciera por él. Ser por sobre todo lo más importante en la vida de esa persona.


Siempre quise ser una princesa pero me debo conformar con ser prácticamente una esclava. ¿Esclava de qué? De esa persona, porque a veces siento que doy demasiado y no recibo lo mismo. Soy de las personas que en general dan sin esperar recibir nada a cambio pues, me crean o no, yo me siento bien regalando alegría a otra persona. O quizá alivio, apoyo, no sé. Pero todo tiene un límite, y cuando las cosas se llevan al límite, pueden pasar cosas impensables.


Siempre he querido ser una princesa…


¿Qué hacer en momentos como éste? Soy tan egoísta y lo sé, soy orgullosa y también lo sé. Pero soy entregada en cuerpo y alma, dedicada hasta el más mínimo detalle. ¿Por qué las cosas no salen bien? ¿Por qué las cosas no me salen bien?


Siempre he querido ser una princesa pero soy egoísta. Las princesas no son egoístas. Me parezco más a una hermanastra malvada, que sólo piensa en sí misma y nunca va a tener un final feliz en su vida. Soy egoísta, pero no creo que eso sea malo… sólo exijo la quinta parte de lo que doy, nada más.


Nunca seré una princesa, eso ya lo sé, pero no puedo dejar de lado la ilusión de que algún día llegue un príncipe dadivoso, que me entregue cinco veces lo que yo le entregué. Pero eso será el día llegará cercano a mi muerte, pues las hermanastras malvadas no tienen derecho a ser feliz.


Y como soy egoísta, he aquí un poema de amor egoísta, obtenido de un libro egoísta, donde el protagonista idealizó a su enamorada hasta el punto de idolatrarla cual diosa griega, para luego darse cuenta que no era más que una niña cualquiera, y bien cualquiera, que no valía la pena. Pero él no podía dejar de lado su imagen etérea perfecta, porque esa fantasía era suya, y él era egoísta.




Quiero ser en tu vida (Martín Galaz)


Quiero ser en tu vida algo más que un instante,

algo más que una sombra y algo más que un afán.

Quiero ser en ti mismo, una huella imborrable

un recuerdo constante y una sola verdad.


Palpitar en tus rezos con temor de abandono.

Ser, en todo y por todo, complemento de ti.

Una sed infinita de caricias y besos;

pero no una costumbre de estar cerca de mí.


Quiero ser en tu vida una pena de ausencia

un dolor de distancia y una eterna ansiedad.

Algo más que una imagen, y algo más que un ensueño

que venciendo caminos, llega, pasa y se va.


Ser el llanto en tus ojos, y en tus labios la risa.

Ser el fin y el principio, la tiniebla y la luz,

y la tierra y el cielo; y la vida y la muerte.

Ser, igual que en mi vida, has venido a ser tú.

1 comentario:

Sebastián dijo...

No sabes cómo te entiendo... A veces es tan difícil sentarse a mirar el horizonte hasta que algo regrese, sólo para notar que no lo hace. El vacío puede ser inmenso, a veces inmanejable...

Sin embargo, la vida es un conjunto de instantes intensos y de los otros, con penas, alegrías, furias y tranquilidades, los que se suceden por periodos de tiempo cortos o largos.

Sería perfecto que éste sea uno de esos momentos breves, y que le siga uno de enorme felicidad que dure para siempre... Sería perfecto.

Esto pasará, así que mire hacia adelante amiga que Ud. tiene la fuerza para superar estas cosas.

No te conformes con ser una princesa... Eres una reina y ya te van a dar el castillo que mereces, sólo sea un poquito paciente y hable claro cuando deba hacerlo.

Un abrazo